El temblor de mis manos
cuando saben de tí y se me esconden,
de noche;
y no hay mal que por bien no venga,
ni consuelo que sostenga,
los broches,
de mi alma culpable,
de tu dolor y silencio
implacable...
Tus manías y recuerdos conmigo,
que te cuidaba y servía de abrigo,
y que me buscas y no estoy,
y no estoy porque no quiero estar,
ni negar lo que soy,
Lo que siento acá adentro,
mi silencio y mi cruda agonía
olvidar y no soñar tus caricias,
disfrutar de tí vencida,
mi soledad,
me acompaña empañando mis días,
mis anhelos de estar siempre sólo,
de intentar y no encontrar los escombros,
de lo que fuimos, todo lo que fuimos...
y me mata,
y me tiemblan las manos,
de saber de tí, de tus avisos,
de estos tragos, de esta maldita enfermedad
de intentar ahogar mis intentos por ser alguien normal,
para dar lo que no poseo,
a aceptar que no soy, que no fuí,
que aproveché un instante y huí,
del amor ó el dolor,
de tus manos
que buscándome se pierden y no encuentran...
y te llevo presente, ,-recordar-,
y me castiga de día y de noche,
a veces ni un mar de reproches,
me hacen caer en tí,
despertar...
Murió ese que quise ser,
el que intento desaparecer,
el que buscas y talvez ni existió,
ni vendrá,
ni lo llegaré yo a encontrar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario